martes, 9 de enero de 2018

El sacrificio

Recuerdo mi primer pensamiento sobre Dios. En ese entonces tenía 4 años y un miedo irracional a mi madre. Ese día ella me mando por los refrescos para la comida (en ese entonces eran pepsi familiar de vidrio). Recuerdo que para todos los lugares me encantaba ir corriendo, pues tenía una necesidad absurda por el viento y por la energía, también era muy torpe. Y ese día no fue la excepción. Caí ruidosa, estrepitosa, estúpidamente. Y el vital liquido refrescante se derramo al estrellarse en el asfalto. En una bruma, puedo recordar como los vidrios se me incrustaban en las rodillas. Y llegue a casa temerosa, con las rodillas sangrando, llorando (con mocos y todo)... pensé en Dios. En el Dios del que mamá hablaba. No sé. Solo recuerdo que pedí una cosa "que mi mamá no me pegue esta vez".


Mi segundo acercamiento a Dios fue en la doctrina. Aun así me parecía algo, una idea que no era capaz de reconocer o de asimilar. Recuerdo que mi mamá me levanto temprano y fui a la estética, recuerdo mi vestido blanco y que me picaba en los hombros. Recuerdo a todos los de la doctrina a los que ni les hablaba estar igual de raros como yo. No recuerdo significativamente nada más.


Tenía 12. Busque en el diccionario Dios.
Ella sorbio un poco... sabía lo que le esperaba...
28 de Marzo.
Ya han pasado muchas cosas en mi vida desde tu partida.  Pero... no deja de doler.
Sigo pensandote, buscandote en los rincones de siempre... y no vuelves.
Me pregunto cosas, me siento
Aquí estoy, en mi casa arrinconada, cagandome de miedo.
Es esa parte dw ignorar en su totalidad lo que nos espera. Pinche humano inmundo, para todo es un  pendejo.
I
Regrese de la visita con el médico.  El diagnóstico no fue muy alentador.  Cerrélos ojos y pensé "no ahora... por favor, no me hagas esto, maldita sea...".
Anduve con la vista aguitada  hasta que llegue a la parada del bus.  Esta semana no podría estar peor: Las cosas con Antonio.  El trabajo una verdadera mierda,  mis  deudas que subían como la espuma y ahora con ese problema que se iba a agravar con los años.  Las cosas no podrían ponerse peor.

II
Bien.  La vida es así de capricaprichosa.  Le lanzas el reto y te asfixia con un: si pueden y van a ponerse peor.  Me quedé sin trabajo.  ¡Mierda!  Frustrada le dije cosas espantosas a Antonio y no he vuelto a saber de él en Días.  El aparato de oído me va a costar una fortuna y la hipoteca... ¿de dónde demonios voy a pagarla?
Camine al parque que está cerca de casa.  Subo al columpio y empiezo a moverme. La gente me mira porque son juegos de niños.  Yo ya no siento nada, sólo el correr del llanto y en viento en mi cara.


Había entendido mal el concepto. Y también he de confesar que de hombres no sé nada.  Me declaro completamente incompetente para saber el qué y el cómo funciona la mente masculina.
Yo era un objeto para ellos.  Alguien para izar en un rato y después desaparecer.  Y si había ganas y el instinto les llamaba a fornicar, yo estaba ahí para saciarlos.  Es como cuando bebes de una botella de agua.  te es útil porque carga el precioso líquido, una vez saciada la sed, te deshaces de el.  sin ningún tipo de miramiento.  La vida es este complejo extremo.  Los tipos con los que he salido, después de mi encuentran novias de verdad.  No se si mas guapas o mejores, pero en sus fotos los veo sonreír, estar bien, c
Hace días que no poseo la habilidad de decantar mis sentimientos en palabras.  Escribir, ahora, me parece repulsivo.
Anoche abrace mi almohada recordando a Alejandro.  Extraño esos días.  Esas noches a su lado.  Cuando me conocía tan bien, cuando dormir con él, me daba una sensación de inmensidad.
Volver atrás ni para dar impulso.  Solo que recuerdo mucho esos días, donde no me faltaba nada: ni música, ni letras, ni películas, un hogar, ni amor.
Cuando no me sentía sola, cuando tener pareja no era sinónimo de estar solo.
Me regreso al infinito de mis tiempos, añoro con dulzura mis años felices.  De risas, de besos, de sexo, de entrega.  De ansiedad y de presente.
Parece ser que los tiempos han cambiado tanto. 
Ya tengo 33 años y me siento mucho mayor.  Trabajo duramente para en los días de saciedad, cerrarme al amor, cerrarme al deseo.  Ser un tímpano asexual, de emociones por días cálidos, de ambición por días gélidos.

Retozar en tu ser mismo
ser espalda con espalda, un organismo unicelular
testigo de entrepiernas y libelulas
hojarascas.